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De la “verdad histórica” a la mentira de los hechos

Pluma: Bruno Fusaro

El Gobierno de Peña Nieto intentó darle un cierre definitivo al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos con una investigación plagada de falsedades. El Equipo Argentino de Antropología Forense desmontó las maniobras gracias a sus trabajos en el basural donde supuestamente fueron quemados los normalistas.

Quien “crea” la verdad tiene el poder, o quien tiene el poder “crea” la verdad. Sin importar el orden de los factores, el objetivo es el mismo. La posibilidad de generar una realidad a partir de la comunicación de un mensaje, emitido por el poder hacia las masas, es el arma que todos los días moldea el medio en el que nos desarrollamos. El 28 de septiembre de 2014 los mexicanos amanecieron con las tapas de los diarios, noticieros de radio y televisión contando de la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Cuatro meses más tarde, el entonces Procurador General de la República (PGR), Murillo Karam, comunicaba a la sociedad y a todo el mundo “La verdad histórica” de lo sucedido. Sin embargo, la imposición de un relato por parte del Estado Mexicano para darle un carpetazo final al caso se cae a pedazos con el análisis de los hechos. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) demostró que la evidencia expuesta por la PGR no solo es falsa, sino también que hay otras pruebas que comunican lo contrario.

El 9 de febrero, el EAAF junto con los padres de los 43 normalistas presentaron el informe de los resultados del peritaje sobre el caso Ayotzinapa; este escrito no sólo confirmó la imposibilidad científica de la “verdad histórica” oficial, la cual afirmaba que los 43 estudiantes habían sido privados de su libertad y privados de su vida al ser asesinados e incinerados en el Basurero de Cocula y luego arrojados al Río San Juan, sino que volvió a reafirmar las preguntas originales: ¿Dónde están?, ¿quién se los llevó y por qué?.

El informe contiene 350 páginas, y fue llevado a cabo por investigadores de diferentes disciplinas (como la arqueología, antropología, criminalística, entomología y botánica forense, balística, dinámica de fuego, interpretación de imágenes satelitales, odontología forense, genetista y especialistas en trauma óseo), y nacionalidades (argentinos, mexicanos, norteamericanos, colombianos, uruguayos y canadienses), y refleja el trabajo de 15 meses de investigación. El mismo, no es solo un informe científico forense; también es una obra maestra de la comunicación de los hechos. Cada una de las disciplinas trabajó en conjunto para descifrar qué mensaje otorgaba la evidencia en el lugar del hecho, y para poder responder la pregunta fundamental: ¿Es posible comprobar a través de las pruebas recolectadas que los estudiantes fueron llevados allí para ser asesinados y prendidos fuego? Para responder esto se buscó la suma de pequeñas respuestas. A partir de las imágenes satelitales se pudo constatar que el predio funciona como basural hace más de 10 años y que hubo múltiples focos de incendio en los últimos cinco. Todo el material biológico recolectado, huesos y dientes tanto de humanos como de animales, junto con material no biológico como alambres, clavos, neumáticos y latas, muestran haber sido alterados térmicamente en forma severa, variando en diferentes grados entre la carbonización y la calcinación. Los perfiles analizados del suelo evidenciaron la deposición de varias capas de cenizas y su compactación, lo que también habla de la multiplicidad de eventos a lo largo del tiempo. Toda esta evidencia nos confirma la presencia de sucesivos incendios en el lugar, pero no es capaz de comunicarnos por si sola cuándo ocurrieron.

“Sin ver al cadáver nadie puede dar por muerto a un ser querido. No hay un punto final, el duelo queda en un suspenso taladrante, no hay muerte física ni legal, la vida queda en el aire, a la muerte no le sigue un llanto cierto sino un limbo; las puertas y ventanas de su casa quedan siempre abiertas a la espera de un quizá no, quizá sí” (Molano Bravo).

Mientras la PGN dice que en la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre los jóvenes fueron llevados al basural y asesinados para luego quemar sus cuerpos, las muestras biológicas dicen lo contrario. Durante el periodo de muestreo, no pudo hallarse ningún indicio de que hubo un fuego de la magnitud necesaria para reducir a cenizas 43 cuerpos. Para esto se analizó la vegetación circundante al sector del incendio; se recolectaron muestras de 20 especies de plantas a las cuales se les determinó su edad biológica: 18 de las 20 habían germinado entre tres y cinco meses previos a la fecha del suceso. En ninguna de las plantas se observó daño térmico o exposición alguna a altas temperaturas. Los troncos de los árboles tampoco sufrieron exposición a altas temperaturas, como tampoco la vegetación circundante a los diferentes restos óseos recolectados. Esto determinó que los mismos fueron quemados en eventos previos a la deposición de la vegetación. En resumen: en esa zona no hubo ningún incendio por lo menos en los últimos cinco meses. En tanto, los resultados del análisis balístico determinaron que los casquillos recolectados en el lugar tenían alto grado de oxidación y deterioro, producto de un largo periodo de tiempo al intemperie, anterior a la supuesta fecha de asesinato y quema de los estudiantes.

43 presentes zapata

El análisis de las muestras óseas fue el más complicado dado al gran nivel de fragmentación que presentaban y también por la mezcla con material animal. Aun así se pudo identificar restos de al menos 19 individuos diferentes; el perfil biológico de los mismos sirvió para observar que 18 de los identificados tenían entre 21 y 38 años, pero no se pudo analizar genéticamente si correspondían a los estudiantes o no. Lo que sí se pudo verificar fueron diferentes grados de exposición térmica (como se mencionó anteriormente) por la multiplicidad de incendios. En los chequeos odontológicos se comprobó la presencia de prótesis dentarias, pero al ser consultados los padres, ninguno confirmó que sus hijos tuvieran esas piezas, lo que lleva a preguntarse ¿de quién son esos restos ahí hallados? Como conclusión, puede afirmarse que “no hay evidencia que respalde la hipótesis de que hubo un fuego de la magnitud requerida y de la duración informada en la madrugada del 27 de septiembre de 2014 que habría arrojado como resultado la incineración en masa de los 43 estudiantes desaparecidos”.

No solo no se encontraron certezas sobre los 43, sino que no pudieron constatar lo que tanto medio de comunicación anda lanzando hacia todo el mundo. El intento desesperado de un gobierno corrupto de cerrar una investigación para crear una realidad mentirosa se cae a pedazos con toda las pruebas de ese basural, con todo lo que ese basural nos comunicó. Nos contó su historia, hace cuánto que está, que cientos de veces fue incinerado, y que muchos cayeron en sus llamas. Pero que no hubo fuego esa noche, que no hubo disparos ese día, que no hay cenizas de 43 alumnos. Solo está la mentira, que se ve por todos lados, de los que cuentan “la verdad histórica”, de los que niegan las muertes, las desapariciones que se expanden por todo México imponiéndose como un mensaje de impunidad desde el gobierno, del sistema judicial, el ejército, la policía, el patrón, y que no solo se lee a través de los medios, sino en los cuerpos de las victimas halladas en fosas comunes y en las miles de personas que hoy no vuelven a su casa y no pueden decir en donde están.

recuadro EEAF

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