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Unos mates con el Padre Pepe

“Los medios hegemónicos están contra Francisco”

Para José María Di Paola, más conocido como el Padre Pepe, el mensaje del Papa choca de lleno con los sectores concentrados, que son el sostén del capitalismo salvaje. Conocedor como pocos de la realidad de las villas argentinas, cree que “las nuevas cadenas de opresión tienen que ver con el narcotráfico”. ¿Sobre Latinoamérica? “Hoy, Francisco es el único que quiere una Patria Grande”.

| Plumas: Marcos Traina, Nahuel Ferrer, Cristian Defeo|

Este es el cuadro que más me gusta. La camiseta de Huracán, bien enmarcada. Y encima firmada por Francisco.

No queremos generar conflictos, pero la firma es bastante sencilla, sin una dedicatoria. Incluso pareciera que fue hecha a desgano.

¿Les parece? Y Bueno, es muy Cuervo. En 2009, cuando Huracán le ganó a San Lorenzo en cancha de Boca, agarré el teléfono bien temprano, a eso de las 6 y lo llamé. A Bergoglio lo encontrabas a la mañana, si no, después ya se ponía a hacer sus cosas y era difícil ubicarlo. En fin, me atiende y me dice ‘no serás tan caradura de llamarme para cargarme’. Sí, claro, le dije. Al minuto me cortó el teléfono.

José María Di Paola, el Padre Pepe para las mayorías, se ríe con ganas. Al Papa lo conoce desde hace mucho y, entonces, se permite licencias. Le dirá “jefe”, en algunos momentos de la conversación (“siempre le decíamos así, en chiste”) y “el tipo”, en otros pasajes. Así de sencillo. Como uno más. Será esa sencillez y franqueza, quizá, lo más interesante de un personaje como Pepe. Es sacerdote, cierto, pero su fe y vocación no van atadas a los protocolos. Por eso, en una charla de una hora puede citar sin complejos al Padre Mugica, al Subcomandante Marcos, al Che Guevara, a Evita, a Montoneros, a Camilo Torres; y hablar sobre los medios hegemónicos de comunicación, narcotráfico y legalización de la marihuana.

Hay muchos que se horrorizan cuando un cura habla de política. ¿Lo notás?

Sí, claro. Nosotros siempre entendimos que hay un compromiso que no necesariamente tiene que ser partidario.

Sin embargo, el Padre Mugica, en quien vos te referenciás siempre, tenía una línea muy marcada. Varios curas tenían un compromiso social que los equiparaba a ser militantes políticos.

Pero hay que pensar a esas personas en esos contextos. Mugica era en el contexto de Perón, de las luchas por la liberación. Cada uno vive en su época, Mugica tiene posiciones que después no les gusta ni a los montoneros ni a la triple A. Quiere ser coherente con el núcleo, más allá de lo partidario, más allá de que él expresara su peronismo y la necesidad del retorno de Perón y la independencia económica. No es lo mismo estar en la época de las dictaduras de Onganía o Lanusse, como le tocó vivir, que estar en un gobierno elegido por el Pueblo. Hubo una incomprensión y el tipo quedó desprotegido. Entonces, a mí me parece que hay una opción que es real y es práctica. Mugica es un muy buen ejemplo: es un tipo que vive con mucha pasión, por eso para mí fue siempre la figura. Mucha pasión en su amor por la Iglesia, pero mucha pasión por amar la realidad que le tocó vivir, el Pueblo. A esa realidad no le escapó y creo que esas dos cosas tienen que estar en un cura.

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¿Ese doble carácter de amor por la Iglesia y el Pueblo está en los curas de la actualidad?

Sí, te das cuenta cuando uno recorre el país y ve un cura viviendo en el monte santiagueño o está en una provincia feudal junto a campesinos, mientras el Estado no hace nada. Generalmente se estereotipa a ese sacerdote que se queda dando misa en su lugar, cuando en realidad son una minoría. En el fondo, todo el grupo de religiosos comprometidos con la gente es muchísimo más grande, pero generalmente es invisible. La lógica es poner al cura que hizo un escándalo como el común denominador. Como el que nó dejó entrar a una mujer por cómo estaba vestida, una pavada. Los medios hegemónicos pusieron el foco en eso porque ahora no les gusta Francisco. De repente, ¿vieron?

¿Y por qué sucede eso?

Fijate que está hablando de la unidad, de valores, del capitalismo salvaje… El perfil que le está dando Francisco a la Iglesia es el adecuado, que tiene que ver con la época actual y recoje una especie de esperanza para mucha gente de América Latina. La incomprensión de los poderosos se manifiesta en campañas publicitarias, políticas; lo rechazan Donald Trump, los medios hegemónicos. Es un tipo que va a buscar al inmigrante, al pobre, que pide una sociedad mas igualitaria. Hoy, el único que apuesta por la Patria Grande es Francisco. Es un tipo serio en las convicciones; él podría quedar bien diciendo otras cosas, pero nunca quiso quedar bien. Muchas veces fue injustamente calificado. Al principio, el kirchnerismo lo ponía como que era el jefe de la oposición y nada que ver. Yo hablaba con él y las ideas eran las mismas que ahora. Fijate que los que se rasgaban las vestiduras nombrando a Bergoglio como jefe de la oposición, ahora actúan de la misma manera. Los comentarios que se publican en los medios hegemónicos son todos contra Francisco en la actualidad. Lo tratan como si fuese el jefe de la oposición porque recibe a Hebe de Bonafini. ¿Qué mejor ejemplo, para un argentino, que reciba a una mujer que lo denostó durante tanto tiempo? El la recibe muy bien, ella le pide disculpas y listo. ¿No es la Argentina del diálogo que queremos?

¿Que reciba al Presidente sólo unos minutos, que se quede tanto tiempo con Hebe y que le envíe un rosario a Milagro Sala, son mensajes políticos?

Lo que pidió la Argentina cuando fue el Presidente fue una visita protocolar, que son de 20 minutos. Ante todo, el Papa tiene que ser el pastor de la Iglesia. Y evidentemente su mirada desata un compromiso social grande, que nace del Evangelio. Si les molesta a muchos que hable del neoliberalismo, bueno; pero ya les molesta el Evangelio. ¿Qué pretendían? ¿Que la retara a Hebe? El mensaje que está dando tiene que ver con la reconciliación y no lo quieren entender en la Argentina; si a eso lo llamás mirada política, entonces sí, es una mirada política. Como Papa está dando una mirada del Evangelio, de la realidad.

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El Padre Pepe (54) trabaja en la villa La Cárcova de José León Suárez desde hace tres años. Oficia las misas en la capilla Nuestra Señora del Milagro y trabaja para que la Escuela de Artes y Oficios San Romero de América reciba cada vez más gente. Allí acondicionó un cuarto chiquito y lo convirtió en su oficina. Abundan los papeles en el único escritorio que hay y las paredes ya no tienen espacio disponible para más cuadros del Padre Mugica, de Francisco y obsequios de los fieles y no tanto. En una biblioteca abarrotada de libros conviven una estatuilla del Gauchito Gil y varios mates, regalos de la comunidad paraguaya. También hay fotos familiares y una suya, como buen Quemero, con los trofeos de la Copa Argentina y la Supercopa. El padre ya parece instalado definitivamente en La Cárcova, adonde nunca creyó que trabajaría. En 2009, su nombre rebotó por todos los medios de comunicación. No por su labor pastoral, sino por las amenazas que recibió (y denunció) de narcotraficantes de la Villa 21-24, en Barracas. Debió emprender un viaje forzado a Campo Gallo, en Santiago del Estero. “Nosotros hicimos una denuncia pública, porque en la villa de Barracas había un problema muy grande. Sacamos un documento que se tituló ‘La droga en las villas, despenalizada de hecho’. Al poco tiempo llegaron las amenazas. Yo era el coordinador de equipo de curas villeros”, recuerda.

¿La cuestión del narcotráfico sigue sin ser abordada en Argentina?

Claro. El narcotráfico hoy en día esclaviza. Si vas a Chiapas, el Subcomandante Marcos no deja que se venda alcohol ni drogas en la comunidad, porque sabe y tiene claro que el capitalismo tiene un modo de actuar, que es apoderándose de la mente y del espíritu de las personas. Las nuevas cadenas de opresión al Pueblo tienen que ver con el narcotráfico. En este aspecto, el trabajo nuestro tiene que ser un compromiso muy grande en esta orientación. Estan hipotecando la vida de los chicos y los jóvenes.

Fuiste una de las caras visibles cuando el debate giró en torno a la despenalización de los estupefacientes.

Es que hay un negocio muy grande. No solamente de los narcos escondidos, sino de aquél que quiere legalizar para poner un mercado. En Estados Unidos, en Colorado, el 60% de la droga entra por canales legales, pero se mantiene un 40% de narcotráfico. A nosotros lo que nos interesa es la persona, y las discusiones que se están dando no hablan de las personas, del pobre, hablan solamente de las libertades. Los discursos de hoy en día, son de un liberalismo tan grande que el conservador y el progresista dicen las mismas cosas. Porque el individualismo es lo que ha penetrado la mirada del argentino. No se ponen en los zapatos de los más humildes, en el lugar del excluido.

¿Te referís a que los pedidos de no criminalizar el consumo de drogas no tienen en cuenta a las clases bajas?

Sí. Porque se ponen falsos opuestos en estas discusiones que son quién criminaliza y quién no. Para mi criminaliza el Estado, porque nunca se tomó en serio una política contra los narcos, no se hizo nada para combatirlos. Nosotros creemos que hay un mirada muy superficial, porque no se hace desde los barrios más pobres; un porro que se tiene como un consumo recreativo en un ambiente, no es lo mismo para los pibes pobres, que tienen realidades distintas, que muchas veces no tienen una familia que los pueda ayudar en sus aspiraciones. Los mismos que proponen eso, son agrupaciones que no hicieron nada. No veo a nadie trabajando en los barrios como corresponde. ¿Por qué no les cambiamos el contexto a esos chicos? Hay que buscar una legislación que no criminalice al adicto, pero no estamos de acuerdo porque sabemos que detrás de estos negocios, de estos empujes, hay empresas como Monsanto. En definitiva, hay una mirada liberal, muy individualista; falta una mirada comunitaria, más allá de lo económico. Tienen a Evita o al Che como ejemplos pero después los vacían de contenido. Ellos nunca cayeron en este individualismo de pensar solamente en la felicidad propia.

Pero en el mientras tanto es penalizado el consumidor o el que tiene un problema de adicción.

Lo que digo es que los que sacan el debate no están trabajando por los pibes. En Portugal, para llevar adelante medidas más flexibles, antes profundizaron en cuestiones sanitarias que acá no existen.

Vos que conocés la realidad de los barrios más humildes. ¿Qué dejó el kirchnerismo y en qué no profundizó?

Se ha trabajado mucho, pero no siempre con correción. Por ejemplo, en educación se hizo mucho. Cuando yo vivía en Santiago del Estero, pasaba por las escuelas rancho y veía a los chicos mirando la televisión; nunca antes la habían visto y ahora sintonizaban Paka Paka con la antena digital. Hay mucha gente que ha banalizado esto, pero para los chicos del monte o para un maestro, cambiar la dinámica de las clases fue extraordinario. Hay un pensamiento en los territorios, al menos de inclusión. El gran debate es ver qué tan profundo fue. Yo viví la crisis del 2001 en la villa y en los años anteriores la gente no trabajaba. Tenia un grupo de hombres que decían ‘estoy cansado de ser ama de casa’. Y esa realidad se dio vuelta porque después hubo una economía popular que le permitió a la gente vivir con dignidad, comprar lo que necesitaba, irse de vacaciones. No es poco, Como decía Perón: “Trabajar para la felicidad del Pueblo es lo más importante para un gobernante”. También me parece que faltó afianzar una política con una inclusión más profunda, que tenga que ver con la generación de trabajo genuino. En Santiago del Estero, por ejemplo, la concentración de tierras fue enorme. Hay cosas en las que tiene que haber una autocrítica seria.

¿Y los primeros meses del gobierno macrista?

Conozco gente del Gobierno que tiene valores y que quiere hacer algo bueno por los demás, pero mientras los que estén arriba sean los dueños de los grupos empresariales y tengan la conducción lo veo difícil. Si vos a un empresario le decís ‘tenés este lugar, establecete acá’, y sabés que eso va a beneficiar a muchos obreros y familias, está bien; pero darle la conducción de la economía es otra cosa. La conducción de la economía la tiene que tener alguien que piense en el bien común.

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