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Los nietos de la revolución: reflexiones sobre la juventud cubana

Llamados a ser los continuadores de un legado de lucha y liberación, los jóvenes de la isla se criaron en medio de los relatos épicos de sus abuelos y padres y un duro panorama económico que borronea las viejas conquistas. Desafíos y contradicciones de la actualidad.

| Pluma: Santiago Corei, Marianela Robledo|

A principios de este año, algunos “Amerindios” tuvimos la oportunidad de cumplir un sueño: poder caminar por tierras cubanas. Sentir, vivir, descubrir y conocer la Revolución. Tomar unos mates en la casa de un Pueblo que no conoce mucho de yerba. Las emociones fueron muchas e intensas; 30 días y 720 horas en los cuales nuestros ojos vieron y nuestros cuerpos sintieron aquello que alguna vez habíamos leído en los libros. Para lo que significa la historia de la isla, el tiempo de nuestra visita parece corto, pero para nosotros fue el suficiente para saber, entender y poder contar que lo que gestó esta Revolución es increíble y tan real como su Pueblo, ese que a la Educación, a la Salud, a la Vivienda, a la Comida y a la Cultura la escribe con mayúsculas, sin distinción de clase social.

En suelo cubano brotaron interrogantes, especialmente sobre la juventud de ese país y su actualidad. De aquellas preguntas nacen estas líneas, las cuales no buscan dar una respuesta acabada, ya que la historia la escriben los Pueblos y ellos se encuentran en ese proceso permanente. Las respuestas llegarán con el correr del tiempo y con el transcurso de los hechos. Pero sí queremos reflexionar y pensar, sobre y con la juventud cubana. Al fin y al cabo, el interés tiene relación con que nosotros también nos encontramos en esta franja etaria.

En medio de nuestro pensar y paseando por las diversas góndolas con libros que ofrece el país, nos encontramos con una definición del escritor uruguayo Eduardo Galeano que dice lo siguiente sobre los jóvenes de mundo y la región: “Los hábitos y los símbolos de la revuelta juvenil de los años sesenta en Estados Unidos y en Europa, nacidos de una reacción contra la uniformidad del consumo, son ahora objeto de producción en serie. La ropa con diseños psicodélicos, los peinados y los vestidos que reproducen los modelos estéticos de la alucinación por las drogas, son volcados en escala industrial sobre el tercer mundo. Junto con los símbolos, coloridos y simpáticos, se ofrece pasaje al limbo a los jóvenes que quieren huir del infierno. Se invita a las nuevas generaciones a abandonar la historia que duele, para viajar al Nirvana. Al incorporarse a esta ‘cultura de la droga’, ciertos sectores juveniles latinoamericanos realizan la ilusión de reproducir el modo de vida de sus equivalentes metropolitanos”. Mucho de lo que enuncia el autor literario en su publicación llamada “El Tigre Azul”, se ve reflejado en los cubanos de la nueva era. Mucha vestimenta que habla, mucha señal que llama la atención del presente y opaca mucho del pasado (que no es para nada pisado).

Pero usted se preguntará por qué no citamos al cubano hablando del cubano, y allí aparece Fidel Castro, quien en el transcurso de su historia y sus días ha hablado largo y tendido desde el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Desde allí, en 2005, señaló: “Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir socialismo. Es uno de los grandes errores históricos (…) Uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construye el socialismo. Hoy tenemos ideas, a mi juicio, bastantes claras de cómo se debe hacer, pero necesitamos muchas ideas bien claras y muchas preguntas acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el socialismo”. En aquella ocasión, el líder político emitía un llamado a la juventud para que haga sus aportes sobre cómo avanzar con la revolución. Poca devolución hemos visto de ella en las calles.

Para hablar de la juventud cubana necesitamos caracterizarla. En primera instancia, podemos decir que es una construcción socio-histórica. “La categoría juventud se trata de una imagen de los jóvenes que elabora la sociedad en un momento de su desarrollo, generando un conjunto de relaciones sociales que recibirán el nombre de juventud”, señala Luz María Guillén, en la revista mexicana de Estudios sobre la Juventud.

Teniendo en cuenta esto, para abordarla es necesario situarnos en el contexto histórico-social que determina su existencia. Pues la imagen de los jóvenes nace en la sociedad. Como explica el marxismo, la esencia del ser humano consiste en que este es un ser social, es decir, el conjunto de relaciones en las cuales se desenvuelve. Es así que para dialogar sobre la juventud cubana, debemos viajar un poco en el tiempo y pensar por un ratito en la Cuba de antes, durante y después del triunfo de la revolución.

Desde esa perspectiva, podemos encontrar a una sociedad que vivió en la tiranía de la Cuba de los años 40 y 50, donde las playas eran disfrutadas sólo por aquellos viajantes con dinero. Para ese entonces, la mayoría de la población era analfabeta. Una sociedad que vio el nacimiento de la revolución y acompañó ese proceso haciéndolo propio y participando activamente en él. De esa generación revolucionaria nacen los hijos de la Revolución, quienes si bien no vivieron en carne propia los años duros de la historia cubana, el recuerdo y la vivencia están frescos en las historias de sus padres y madres. Como hijos e hijas de la Revolución, nacen junto a ella y crecen acompañando la construcción del socialismo. Es un momento histórico en el cual Unión Soviética está en pie y acompaña a Cuba en sus transformaciones.

Durante la década de los ´80, el proceso se profundiza; esta etapa es recordada por el pueblo cubano como los “años gloriosos”. Pero la URSS termina de caer y afecta en gran medida a Cuba y su economía. En paralelo, la política de bloqueo económico-comercial-financiero que ejerce Estados Unidos sobre se empieza a sentir de manera fuerte. En este contexto nacen los nietos de la Revolución. En un país socialista, cierto, pero con una situación económica compleja. Cuba atraviesa el llamado “período especial”.

“La juventud cubana es una categoría de carácter histórico, social y cultural que alude a un conjunto de humanos en formación y desarrollo con rasgos socio demográficos comunes para ambos sexos, determinados por su pertenencia a la estructura social, cuyos integrantes poseen entre 15 y 30 años, edad en que se produce su maduración psicológica, que establece relaciones sociales características de su condición e identidad específica, con intereses y necesidades propias, reconocida tanto por sus integrantes como por el conjunto de la sociedad. Esta categoría social en el país se desarrolla en un contexto sociopolítico caracterizado por la construcción del socialismo en condiciones socioeconómicas difíciles, marcada por la agudización extrema del bloqueo norteamericano, los efectos de la globalización neoliberal y la crisis estructural sistémica que atraviesa el mundo”, es el análisis que nos brinda en sus páginas el libro “Realidad de la Juventud cubana en el Siglo XXI”.

De la teoría a la práctica vamos, y es con palabras concretas y precisas que Nelson Abarrute, estudiante de Medicina, nos resume su pensamiento en el habla coloquial:

“Obviar que nuestro país sufre el genocidio más largo y grande de la historia, que es el bloqueo, genera que ningún análisis pueda conducirnos a buen puerto”.

Si en el combo del entender encontramos un gobierno revolucionario, que con errores y aciertos no retrocedió ni un paso atrás en todo lo logrado por su pueblo, en años de entrega y lucha; si le sumamos esos gobiernos neoconservadores de los Estados Unidos manejados por mercenarios que a través de la tecnología, los turistas y sus políticas, intenta instalar el discurso hegemónico en los y las jóvenes cubanos; pues cerramos con un país que pese a la implementación de una nueva estrategia de desarrollo nacional, con políticas sociales y laborales, no ha logrado volver a enamorar a un gran números de jóvenes con ideales revolucionarios.

La crisis económica que se inicia en el “periodo especial” de la década del ´90 y que se perpetuó en los últimos años, trajo repercusiones en el ámbito laboral y en la juventud. El trabajo y la concepción sobre el mismo fueron y son pilares fundamentales en el proceso revolucionario y la construcción del socialismo en Cuba, porque no sólo sería medio y garantía de la vida individual, sino elemento integrador al proceso de construcción de una sociedad igualitaria. Por estos ideales revolucionarios es que las políticas laborales están entendidas como parte de la política social de la revolución, y las estrategias adoptadas frente al trabajo se han realizado siempre en un marco de enfoque político-ideológico, llevando en ocasiones a sobrepasar las capacidades económicas del país.

Volvamos a las fuentes. Y ahora a una con mucho caudal de referencia en los jóvenes, Ernesto Guevara de la Serna, que dijo en modo Che: “El trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse tratado en su obra y a comprender sus magnitud humana a través del objeto creado”.

Para tiempos como los actuales, estas ideas son de difícil materialización. Debido a que encontrar las vías para solventar las necesidades económicas se volvió una preocupación esencial. Muchos jóvenes eligen no ejercer el trabajo para el cual cursaron sus estudios, o no ser contratados por el Estado, y optan por un trabajo por cuenta propia que les genera mayor remuneración. “Me seduce lo que llega de afuera. Me dan las mismas ganas de viajar que ustedes. El dinero que gano en tres o cuatro horas ofreciéndole al turista paseos por mi ciudad, es lo que no ganará en un mes cualquier muchacho titulado como médico o maestro”, cuenta Eliseo Peñaflor, un joven que vive en la Habana.

Este breve recorrido histórico nos hace comprender que la juventud Cubana actual es relevo de varias generaciones de cubanos que construyeron y se comprometieron con un proyecto socialista emancipatorio, enfrentando al modelo capitalista impuesto para la humanidad. Las coyunturas cambian. Ellos, como seres sociales, también lo hacen. Entonces podemos hablar de juventudes, y no de juventud, porque los intereses, gustos, valores y formas de ser y actuar de estos sujetos que se encuentran comprendidos en cierta franja etaria no son estáticos y reproducidos de generación en generación sin ser cuestionados o reformulados. Claro que hay una herencia cultural, social y política que se transmite y que permite que la sociedad y su sistema socialista se perpetúe en el tiempo, pero pese a esto los tiempos no son los mismos. Aquel primero de enero de 1959 o los tiempos primaverales de los años ´80 se sienten lejanos para los jóvenes del siglo XXI y la crisis producto del bloqueo económico no acompaña.

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¿Hay jóvenes desencantados con el socialismo?, ¿hay jóvenes que sueñan vivir en mundo capitalista, por eso visten la bandera de EEUU?, ¿moda o ideología?, ¿sabrán que somos muchas y muchos los jóvenes de la Patria Grande, que encontrándonos en países aún con políticas capitalistas, levantamos las banderas del antineoliberalismo y anticapitalismo, y militamos la construcción del socialismo del siglo XXI?, ¿sólo se quedarán con la imagen del típico turista funcional al sistema?. Muchas preguntas, muchas respuestas.

Los desafíos para los y las jóvenes de la isla son muchos y grandes. Para nosotros, entenderlos también. Ellos son los que decidirán cómo continuar con su herencia histórica-social. Deberán buscar sus razones para resistir y luchar, asumir la responsabilidad histórica de continuar el socialismo, convirtiéndose en sujetos activos de cambio revolucionario, concientizándose en la visión a futuro de su país que escribió con pluma firme la gran revolución de América Latina. De nuestras ganas, perseverancia y tintas depende el poderlo contar.

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