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“La única vía para la integración económica es a través de los Estados”

Entrevista a Itai Hagman

| Plumas: Franco Montali, Nahuel Ferrer |

La utopía de una Patria Grande tiene senderos que, indefectiblemente, se bifurcan. La confluencia de gobiernos populares en la región durante los últimos años, la sintonía general y la institucionalización de esos vínculos que permitió desactivar conflictos severos, entre ellos el de Colombia y Venezuela, o los intentos destituyentes contra Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, fueron los puntos más altos de una integración soñada. Sin embargo, a los avances en la construcción de una nueva identidad les faltó -como dijeron varios de los mandatarios de Nuestra América- la pata económica. ¿Cómo se podría haber llevado a cabo esa unión? ¿El Banco del Sur propuesto por Hugo Chávez era viable? ¿Y una moneda común? ¿Cómo desarrollar una arquitectura financiera supranacional? Itaí Hagman, referente del espacio Patria Grande, economista y conocedor del mapa político sudamericano, analiza las opciones. Considera que la única posibilidad de generar un proyecto económico regional es “a través de los Estados” y con una participación obligatoria de Argentina y Brasil.

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Tanto Cristina como el vice de Bolivia, Álvaro García Linera, admitieron que la integración fue y es más política que económica. ¿Coincidís?

Sí. El mundo ha tendido en las últimas épocas a distintas dinámicas de integración regional. Es decir, uno asocia por lenguaje político el concepto de integración a un concepto positivo, que tiene que ver con la búsqueda de autonomía. Pero no necesariamente toda unión se hace en función de las necesidades o los intereses de los pueblos. De hecho, tenemos el caso europeo, que es paradigmático; y tenemos el caso del MERCOSUR, que nace no con un gobierno nacional y popular, sino de las entrañas del neoliberalismo. O sea que el neoliberalimso, y su lógica del capital global es también la búsqueda de la integración.

¿Y qué pasó en los últimos 15 años, a nivel regional? Claramente hubo intentos de rupturas con las continuidades heredadas…

 Como bien plantea Linera, a, se crearon nuevas institucionalidades políticas muy importantes como UNASUR, CELAC, pero en lo económico no se avanzó. Diría que por varios motivos. Primero, no necesariamente todos los gobiernos ni todos los sectores dominantes tienen intereses iguales. Hace poco lo escuché al presidente de Ecuador, Rafael Correa, que le preguntaban algo parecido: ¿Por qué fracasó el SUCRE, que era una propuesta de crear una moneda de intercambio comercial dentro de la UNASUR o de los países del sur para evitar utilizar el dólar? Tengamos en cuenta que nosotros comerciamos con los Estados de la región y seguimos utilizando la divisa norteamericana. ¿Por qué fracasó el Banco del Sur?, le repreguntaron. La repuesta de Correa es muy diplomática porque no quería hablar mal de ninguno de los otros gobiernos…

¿De Brasil y Argentina?                                                   

Y, bueno… Él dice que hubo países que no querían avanzar con esa integración. ¿Por qué? Porque las clases dominantes locales, el empresariado y sus intereses iban en contra de esa fusión. El caso más paradigmático de esto es Brasil. Su burguesía paulista siempre estuvo en desacuerdo con esta integración y el gobierno nunca quiso enfrentarse. Esto uno lo ve en el fracaso del Banco del Sur, propuesta de Hugo Chávez por primera vez, en los límites que tuvo el ALBA, que nace como una iniciativa frente al ALCA y queda limitada solamente a un bloque político-económico muy restringido, que no incluye a todos los países que criticaron al ALCA, sino solamente a Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Que no ingresaran las dos potencias principales fue un problema. No se pudo generar una suerte de arquitectura financiera regional, a eso apuntaba el Banco del Sur, para que en caso de volver a necesitar apelar al endeudamiento, no fuera con el sistema financiero internacional.

Lo mismo con la propuesta SUCRE.

Que aparte es sencilla. Es simplemente evitar el uso de divisa norteamericana para el comercio entre los países. Ecuador lo necesitaba muy fuertemente porque es una económica dolarizada, que no pudo salir pese a tener un gobierno que habló en contra de ello, no sólo en la campaña electoral, sino durante todo su mandato. Es el ejemplo de Europa. Cuando Grecia entró en la última crisis tan fuerte, una de las discusiones que había era salir o no del euro. Antes del triunfo de Syriza y la discutible luego capitulación de Tsipras frente a la troika, no se planteaba la salida del euro; y no por tema de amor al euro, sino porque las consecuencias iban a ser peores que tratar de oponerse a la troika dentro del euro. Lo mismo pasa en Ecuador u otras economías dolarizadas. En fin, entonces Correa dice algo muy interesante, más para un proyecto de izquierda. Quizás Ecuador salga de la dolarización con un gobierno de derecha, porque ¿cuál es el principal problema de la salida de ese sistema? Es que el poder que tienen los empresarios de hacer una corrida de moneda te desestabiliza la económica completamente. Una fuerza que tenga el apoyo de esos sectores puede negociar una salida del dólar sin corrida y sin debate.

Otra situación similar se vivió con el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur.

Y que se venía trabando, sobre todo, por la Argentina. Brasil, en todo momento e incluso con el gobierno de Dilma, empujaba para avanzar en el libre comercio. A tal punto que, cuando estaban frenadas las negociaciones, el empresariado brasileño le dijo a Dilma ´hagamos un acuerdo solos’, o sea caguémonos en el Mercosur. Lo digo para que se vea cómo el empresariado de Brasil y las multinacionales conspiran permanentemente contra proyectos de integración. En cambio sí tienen otros planes como el que ahora se discute sobre el acercamiento a la Alianza del Pacífico. ¿Cuál es el interés de las multinacionales? La teoría económica liberal, tradicional y ortodoxa considera que el libre comercio es beneficioso para los países porque abre los intercambios. Entonces, si nosotros hacemos libre comercio con la UE vamos a exportar algunos productos, los que van a ingresar serán más baratos y las dos economías se beneficiarán. Bueno, eso está demostrado que no es así, porque no es lo mismo vender soja, carne o cualquier producto primario, que un bien industrial o tecnología. Además de eso, en la actualidad el 50% del comercio internacional es entre comercios intrafirma. Significa que la filial argentina de una multinacional le vende a esa misma firma multinacional de otro país. Como hubo una tendencia a deslocalizar la producción, lo que hacen las compañías es producir partes por separado en distintos países y luego ensamblarlos, integrarlos. Yo produzco una parte en Argentina, otra en Brasil, y cuando tengo que trasladar una parte debo pagar un arancel. Si ese arancel se elimina, mi costo de producción baja, entonces el interés fundamental de las multinacionales en los acuerdos es que baje su costo. Esos mismos intereses son los que obstaculizan proyectos de integración económica que tengan que ver con otros principios y valores, como los que expresaba el Banco del Sur, El SUCRE o el ALBA.

¿Pero la integración no debería ser a nivel de Estados? En todo caso, las burguesías podrían acompañar pero no conducir ese proceso…

Es un tema muy difícil y complejo. Es cierto que la única vía para eso es a través de las naciones. Creo que es uno de los grandes déficit del ciclo político anterior, la excesiva confianza en esas burguesías locales. Se creía que sus intereses iban a converger con los del Estado. Estamos en un mundo extremadamente globalizado, en donde el lugar para América Latina en la división internacional del trabajo ya esta delineado. Es muy difícil evitar nuestro rol como proveedores de soja para la economía china, porque es la única exportación competitiva que tenés. Lo mismo le ocurrió a Venezuela con el petróleo, a Bolivia con el gas, a Chile con el cobre… El desarrollo de nuestros países no va a venir por las multinacionales, no lo va a hacer el FMI, pero tampoco lo van a hacer las burguesías locales. Eventualmente pueden ser aliadas, pero subordinadas. La única vía para integración económica es a través de los Estados.

 

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